viernes, 17 de noviembre de 2023

A propósito de las SAD


Estos últimos días, los clubes son parte de la disputa ideológica que tiñe esta previa de ballotage presidencial. Frente a la reaparición de las sociedades anónimas en el fútbol, una idea que tuvo impulso en las propuestas del ex presidente Mauricio Macri, la postura de los candidatos quedó clara y provocó favores y contras. Javier Milei en su afán libertario habló sobre la posibilidad de aceptar nuevas formas jurídicas para los clubes de fútbol. La gran mayoría de los clubes de todas las categorías salieron a defender la idea de que “el club es de los socios” (y socias agregaría yo) y se expresaron abiertamente a favor de no convalidar la idea de las “SAD”. El candidato de Unión por la Patria, Sergio Massa, acompañó esa idea y se mostró con referentes importantísimos de nuestro universo futbolístico. Así las cosas, incluso el técnico de la tan amada selección argentina, Leonel Scaloni, fue consultado sobre el tema y, sorpresivamente (o no), lavó sus manos y no tomó postura alguna, como tampoco lo hizo nadie de la amada selección argentina. Cosa que habla un montón de las ideas de estos exitosos argentinos. 

Luego de éste vendaval de apoyos a la idea de el club como herramienta social no sólo para el deporte en sí, sino como factor trascendental en el desarrollo de los niños y las niñas, como lugar transformador y de contención social, volvió a expresarse Javier Milei en una entrevista en la televisión y aseveró que, como buen liberal, el no va a decirle lo que hacer a nadie y que porque si hay clubes que quieren ser sociedades anónimas no pueden serlo. Incluso preguntó si algún hincha del Manchester City está torturado por ello. 

Luego de leer su respuesta, no puedo dejar de pensar en el pobrismo ideológico del candidato, pero a su vez en la distancia de las ideas respecto de las realidades. Y asusta que ese pobrismo tenga posibilidades de gobernarnos. ¿Cómo es que una persona con esas aspiraciones no comprende que la habilitación de la mera posibilidad de que ingresen sociedades anónimas en el fútbol desiguala per se todo la realidad completa de todos los clubes? En el mercado, ese que se defiende a capa y espada, con las reglas propias del capital, que ingresen actores basados en la ganancia y la rentabilidad transforma los objetivos y desiguala. Dejar a libre elección de cada club que sean lo que quieren porque el mercado requiere eso para la libre competencia, no hace más que inyectar capitales y poder económico. Un club como River Plate o Boca Junior, que poseen mayor cantidad de seguidores e hinchas, consumen más, venden más, son mucho más rentables. Si yo, capitalista, tengo que invertir en algo, probablemente invierta donde más dinero voy a obtener. Es más probable que invierta un capitalista en San Lorenzo que en Patronato. Y esa es la génesis de la desigualdad. No estoy diciendo que hoy no la haya, al contrario, sería un camino a maximizar el vínculo que hoy tiene nuestro fútbol y que se expresa a través del sponsoreo y la televisación. Si hoy ya es desigual, imaginemos un escenario donde cada quien elige lo que ser, total todos y todas tenemos derecho a hacer lo que se nos ocurra. Es una idea ridícula eso de que a la larga se ordene y regula ofreciendo bienestar a todos y todas. Un escenario futuro donde hay clubes cada vez más poderosos y por otro más clubes pobres, con la excepción de alguno que siempre viene a probar la regla. 

Entonces escucho que el candidato libertario dice “es otra mentira” la idea de que va a “terminar” con los clubes y no dejo de pensar en lo penoso de ese pensamiento mágico y peligrosamente destructivo. Cómo no va y los destruye, entonces no lo destruye. Pero los destruye igual, porque gobernar y gestionar no es blanco o negro, no es libertad o estado. Gobernar es entender que todo aquello que hacemos afecta de innumerables maneras la vida del pueblo, positivamente para algunos, negativamente para otros. Y lo que hay que procurar es que perjudique a la menor cantidad de personas de forma equitativa y equilibrada. El rezo libertario de “hacer lo que cada uno quiere” porque “tenemos derecho a hacer lo que queremos” no hace perder la dimensión de la mirada del otro y de la otra. Perdemos la idea de complejidad, entendida como la multiplicidad de factores y también perdemos la idea de solidaridad, esa idea maravillosa de hacer con otros.

El problema entonces de las SAD, no son la SAD, es la idea, la base teórica carente de realidad, de territorialidad, de empatía social y comunitaria. El problema es el exceso de individualismo, de autosatisfacción egoísta. 

Y esto es solamente cuando hablamos de los clubes de fútbol. Imaginemos el resto.


sábado, 29 de enero de 2022

Mesa mostrador


Ella siempre está en el mismo lugar haciendo lo mismo. Hace fotocopias y anilla libros. Recibe mensajes de WhatsApp con pedidos. Atiende gente en un mostrador improvisado con una mesa que tiene el tamaño exacto de la puerta. Imagino que antes de la pandemia la mesa-mostrador no era tal y podías ingresar en el local. Ella prende un cigarrillo a cada rato. Y de tanto en tanto, la miro y me pregunto cómo era antes de que la mesa -mostrador esté donde está ahora. Alguien que no recuerdo quien, me contó que trabajaba también un marido que dejó de serlo. Ahora el negocio lo atiende ella nomás. Y mientras pienso, se hace una pequeña fila esperando fotocopias. “No es lo que era antes, antes trabajábamos hasta las 9 de la noche y no llegábamos” me dijo el otro día a raíz de mi pregunta de cómo le estaba yendo. Infiero que eso que cuenta era antes de la mesa-mostrador y del encierro. Pero no me parece que le vaya mal, no deja de trabajar nunca. Y fuma. Y llega y se va en una bicicleta amarilla de paseo que tiene un canasto adelante. Son de esas bicis antiguas, bien pesadas. ¿Habrá venido siempre en bici? Tiene la cabellera rubia, el pelo grueso y una cara inexpresiva que me produce tanta incertidumbre que a veces le hablo para ver si su voz me dice algo más. Pero no. No dice nada su voz, es igual a su mirada. Y fuma. También justo detrás del mostrador mesa puedo ver colgadas unas carteritas tejidas, gorros y pañuelos. Parecería que están a la venta. ¿Será que antes del encierro la gente entraba y mientras una fotocopiaba compraba una chalina?. Tengo mucha intriga pero no le pregunto. Y no se porque no lo hago porque una vez le pregunté cómo le iba, pero creo que ya les conté. Abre el negocio a las 9 de la mañana y se va a eso de las 19. No almuerza, no escucha radio ni música, no se va, no habla. O apenas cuando es necesario. El otro día vino un señor alto y canoso que entró en el local. Corrió él mismo la mesa-mostrador. Nunca había entrado nadie. Tal vez era el que fue marido o tal vez un técnico de fotocopiadora. No pude deducirlo y me tenía que ir. Entonces me fui, pero como no prestaba atención no la saludé. Y al final nunca supe porque no me animo a preguntar y no sé por qué no lo hago, si una vez le pregunté cómo le iba y me dijo algo que ahora mismo no recuerdo. Tampoco sé si conté que fuma. Y que se va en bicicleta y que es amarilla.

domingo, 19 de septiembre de 2021

Rezar





Abrir las manos, llenarlas de preguntas,  sacudir los pensamientos, armar rompecabezas. 

Se escuchan de lejos gritos irreconocibles. 

Pisar las hojas secas, saltar los charcos, mirar el sol,  apoyar la cabeza y domir. 

Se ve de cerca a una niña desconocida. 

Limpiar las ideas, tirar los dados, envolverse en mantas, regar con agua y sal. 

Era todo un secreto, y se volvió canción.

sábado, 17 de julio de 2021

Conducir, construir, abrazar.

 Acabo de decir que siempre imaginé algo que va a pasar. Me asusta la posibilidad del logro, del poder. 
Nunca me canso de decir, cada vez que puedo y a quien puedo, que el saber es poder. Pero nunca digo que el deseo es poder. 
Decidí cambiar mi frase y ahora es el deseo como eje de todo, como un paso atrás del saber para luego poder.

Hoy es uno de esos días donde todo se proyecta, no necesariamente al logro pero sí al camino de lo que siendo, vendrá. 

En ese lugar voy a dormir esta noche teñida de madrugada. Abrazada a los deseos. Y mientras mis ojos se cierran imaginar en el porvenir cercano la idea de lo posible.


viernes, 21 de mayo de 2021

Vértigo (cuando llueve)

  

Cuando llueve imagino un montón de escenarios que no tienen explicación y al no tenerla me producen vértigo. Entonces me pongo a pensar en el vértigo.

Llamamos vértigo a la sensación ilusoria de que las cosas externas están rotando o desplazándose alrededor de uno o de que es uno mismo quien está dando vueltas en el espacio. El vértigo se atribuye a un problema auditivo o del sistema nervioso pero yo lo atribuyo a la sensación de no saber.

Esta idea de que las cosas roten alrededor nuestro o que nosotros giramos alrededor de las cosas suele pasar cuando no tenemos una visión clara. Y si seguimos esta cadena imaginaria,  la visión no está clara porque no tenemos un conocimiento de las respuestas para explicar un sinnúmero de preguntas que no tienen una visión enfocada.

La lluvia contribuye con sus gotas a hacer difusas las respuestas a preguntas desconocidas hechas por un yo o un vos que tiene una visión múltiple. Es por eso que en esa situación nebulosa y deformada, sentimos vértigo. ¿Alguna vez probaste mirar a través de una gota? ¿y de muchas gotas?

Las imágenes deformadas que nos devuelve el filtro de esa mirada a través del agua, nos traduce una realidad que responde a preguntas que no se hacen. Y si respondemos cosas que nadie pregunta, es probable que nadie lo entienda y por ende que no se pueda explicar nada.

De esta manera, la falta de explicación nos otorga una incertidumbre tal que nos produce vértigo. Entonces, todo gira alrededor nuestro y al mismo tiempo nosotros giramos alrededor de todo. 

Pero todo esto pasa solamente cuando llueve.



domingo, 14 de febrero de 2021

Carlos Saúl, Josefa y Anélida

90 años tenía hoy Carlos Saúl cuando murió. Hoy mismo. 

Pensaba en su figura y cómo ha marcado mi vida y la de mucha gente de nuestra generación.

Cuando ganó la presidencia en el 89, yo era una pequeña que había crecido escuchando de peronismo con una devoción increíble de mi abuela Josefa y mi tía abuela Anélida. Ambas se ocuparon de contarme interminables historias de la década del cuarenta y de alimentar mi idea sobre Eva y Juan Domingo Perón. Ninguna de las dos ya viejas mujeres lograron cautivar a nadie más de la familia. No salió un o una peronista luego en las generaciones venideras. La única que mantuvo un fuego siempre fui yo. Pero ese fuego chocó inmediatamente con la figura de quien hoy murió. Carlos Saúl. 

Josefa y Anélida eran fielmente fans de Menem. Tenían estampitas, fotos y le profesaban amor eterno como muchos y muchas peronistas de esa época. 

Y ahí quedé yo y el peronismo.

Soy de la generación de los noventa. Hice mi secundario e inicié mi carrera universitaria en el memato. Y no fue inocuo. No lo fue para mí ni para nadie. 

Crecimos con la perfecta implementación del neoliberalismo. Nos privatizaron, no hicieron tener relaciones carnales con Estados Unidos y con “el mundo”, crecimos creyendo que está bien hacer lo que uno quiere sin importar nada, como lo era manejar una ferrari o jugar al básquet porque sí. Menem fue el individualismo del sálvese quien pueda, de privilegiar lo material sobre cualquier otra cosa. El uno a uno transformó a muchos y muchas en seres codiciosos y saciaron su sed de consumismo sin importar nada. Porque no importaba nada.

Recuerdo terminar mi último año del secundario y mirar para adelante cuando ya se empezaba a terminar la primavera económica y recuerdo pensar que el futuro era negro. Si recuerdo esa sensación.

La universidad terminó de reafirmar que no existía el peronismo de Anélida y de Josefa. Terminé de decidirme que jamás sería peronista porque lo que en ese momento expresaba es todo lo opuesto a lo que creía, se llame como se llame. 

Y me acompañé de gente con esas ideas, y construimos ideas basada en oposición a cierta cultura instalada por la época. No hay forma que un niño o niña de diez años crezca viviendo sus próximos diez con los valores neoliberales y no lo afecte para un lado o para el otro.

Soy hija de construir mis ideas contrastando las ideas de mis viejas abuelas y de mi realidad.

Somos todos y todas hijos e hijas de una generación que nos arrasó culturalmente, incluso sobre nuestra propia argentinidad.

Menem terminó el trabajo de instalar el dólar como moneda que hoy sufrimos tanto. 

Menem terminó el trabajo de hacernos creer que tenemos que ser parte del mundo a cualquier precio.

Menem terminó el trabajo de hacer más ricos a los ricos para implementar políticas neoliberales favorables a los dueños del mundo,

Terminó aquello que empezó con la dictadura y por orden del poder mundial.


No puedo saludar ni lamentar que hoy haya muerto.

Pero sí puedo comprender que su figura fue para mí determinante en lo que soy hoy, en mis ideas, en mi trabajo, en mi ser. Y no es poco.

Un querido ex compañero de trabajo muy radical charlando sobre el futuro allá por 2015, me dijo “mi límite es Macri”. Luego de unos meses, ya con el Ingeniero Presidente, se convirtió en funcionario Macrista sin problemas de límite alguno.

Siendo peronista mi límite es y siempre fue Menem y lo que representa y sigo con la convicción que nunca me va a pasar le pasó a mi ex compañero, pero tampoco lo que les pasó a Anélida o a Josefa.


lunes, 1 de febrero de 2021

Lo que quiero hacer


 Unorthodox y The Queen´s Gambit son dos series en donde la protagonista es la búsqueda de lo que se quiere hacer siendo mujer en este mundo que por suerte va transformándose, aunque no en todos lados ni al mismo tiempo.

Dos mujeres, dos mundos y dos crianzas diferentes. Etsy, protagonizada por Shira Haas, es judía ortodoxa en Nueva York y  Beth (Anya-Taylor Joy) es criada en un orfanato para luego ser adoptada por un pareja en Kentucky. Ambas tienen una infancia con carencias afectivas, arrancadas por distintas circunstancias de sus madres y con una figura paterna difusa. 

Esty la criaron sus abuelos y creció aceptando e inmersa en las tradiciones jasídica en una comunidad llamada satmar. Ver las formas culturales no hacen más que angustiarnos y sorprendernos. La sumisión a Dios, el rol de la mujer que está completamente relagada a procrear hijos e hijas para suplir a quienes murieron en campos de concentración. Los hombres, abocados a leer y estudiar el Torá, rezan atándose ambos brazos y haciendo movimientos de péndulo con sus ojos cerrados. Los rituales son tan extremos que llegan a pelar a las mujeres al casarse para que usen una peluca que iguale y distinga a las casadas. El sexo vestidos, en la única posisión que Dios permite. Etsy ama la música y aprende a tocar el piano, aunque estaba prohibido.

Beth, por su parte, se cría en un orfanato luego de que su madre muere en un accidente automovilístico momentos después que le dice que no sabe qué hacer con ella y de ser rechazada por el padre de la niña. En el orfanato, aprende a vivir sola e inicia su dependencia a las drogas como consecuencia de los tranquilizantes que por esa época le daban a los niños y niñas. Silenciosa y displicente, empieza a aprender a jugar al ajedrez con el conserje en el sótano. Su necesidad de controlar por temor a perder, lo lleva a su don y llega al punto que con las drogas y su propia lógica crea una obsesión con el juego y hasta incluso desarrolla la capacidad de imaginar jugadas en el techo de la habitación. Los tranquilizantes la acompañan hasta que es mayor y se complementan con el alcohol. Beth es adoptada por una pareja que finalmente se separa y crea un lazo afectivo con su madre adoptiva quien la acompaña en su raid ajedrecística, viviendo ella la vida que nunca vivió.

Ambas protagonistas tienen un deseo de lograr lo que se proponen. Desesperadas por salir de los lugares que la vida las dió, Etsy se escapa a Berlín para estudiar música y Beth logra una vida sin carencias haciendo lo que le obsesiona. 

Las series van contando las historias y nos llenan de desafíos, de angustias, de ansiedad, de alegría. Las acciones de ambas mujeres nos van demostrando que las estructuras con que nos formamos son susceptibles de modificación aunque requieran dolores en el camino. La intensidad es convertir la música o el ajedrez en motor para trascender lo que se es para transformarnos en lo que se quiere ser. La voluntad y el deseo frente a los mandatos sociales, culturales y económicos. La búsqueda de sanar las heridas para vivir como se elige vivir. 

Es sorprendentemente bello ver las miradas de cada papel, en cómo expresan la vida compleja, el dolor de lo que les tocó, la pérdida, la falta de amor. Pero es más impactante la forma gélida de sus expresiones frente a ese dolor, frente a las situaciones complejas, el cómo de forma inmutable continúan al camino del deseo, de creer que hay que hacer. 

Dos mujeres tan frías como intensas, que no expresan dramas sino una fortaleza exquisita. Sus manos, sus pequeños cuerpos, su vestir tan disímil entre sí como puede serlo.

Etsy y Beth, logran sobreponerse a la realidad construyendo una nueva realidad. Y lo mejor de todo es que esa nueva realidad es la eligen y es la que defienden, con uñas y dientes.


UNORTHODOX 

Netflix - 2020

Directora María Schrader


THE QUEEN'S GAMBIT
Netflix - 2020

Director: Scott Frank


jueves, 28 de enero de 2021

Titilar


Ellos solían mirar hacia el cielo. 

Lo hacían por horas, mientras trataban de encontrar estrellas nuevas. Se les hacía muy difícil porque cada noche titilaban otras distintas.

El titilar de las cosas hace a la intermitencia y permite estar y no estar en apenas segundos. Para ellos ese titilar era irreal porque no había ausencia. 

En la noche comprendían que el cielo era lo que les daba razón a estar. Cuando las nubes tapaban todo, ellos seguían mirando sólo porque de noche tienen un color distinto al de día. Ese color indefinido pero nunca blanco o negro les inspiraba el deseo de la lluvia para que vuelvan las estrellas y  que la oscuridad clara les volviera las estrellas que titilan.


No es el cielo, es la permanencia de las cosas por sobre todo lo que titila.

Y la permanencia no es necesariamente estática. Es ser. Siempre.


Ellos solían mirar hacia el cielo. 

miércoles, 27 de enero de 2021

Mario

Me contactaron de él  y resulta que vivía a 20 cuadras de mi casa. No nos vimos nunca pero la pandemia nos encontró hablando de pandemias y pensando en cómo seguir dándole formas a las formas.
Lo vi hoy por primera vez y era casi igual a como me lo había imaginado. Alto, canoso, con un andar lento y pensativo. Solo pude ver su mirada porque el resto era barbijo. Y encontré mucha vida vivida. Vi el cansancio y el recuerdo; esos viejos ojos de quien vio y quiso ver. Sus arrugas adornaban su mirada y su hablar era  tranquilo pero distraído. Tuve la sensación que no le importaba nada de lo que le decía. Pero me respondía, aunque con cierta obligación.  Dejé de hablar, tratando de que  el silencio le genere comodidad.
Caminamos apenas unas cuadras. En sus manos había una carpeta llena de papeles que no sabía del todo para que eran. Tampoco le importaba saberlo. 
Cruzamos dos palabras más y entramos a destino. Para mi sorpresa, saludó muy simpáticamente a quien nos recibió y se alegró del aire acondicionado. Toda una revelación. Mientras esperamos a que nos toque el turno de ser atendidos, empezó a contar algo de sus historias. Las recientes y las pasadas. Empezó a recordar y a dejar claro que ya no quería obligaciones. Me contó de una pileta nueva producto de no poder vacacionar y me contó que nadó ayer a la 1 de la mañana. Cuando callaba, lo volvía a vivir. Nadaba otra vez.
Al rato nos atendieron pero mientras nos decían que hacer, él solo recordaba historias incentivadas por el contexto.  En ningún momento estaba en ese lugar, estaba donde sus ojos expresivos miraban. Un tiempo que ya no es y que no será.
Habló con la gente de apellidos y cuando le preguntaron qué hacía fue tan escueto como conciso. Entonces lo invitaron a pasar y a beber una gaseosa fresca.
Me quedé ahí parada y terminé lo que vinimos a hacer. Me acerqué adonde estaba, dejé las cosas y le avisé que me iba. Quiso venir conmigo, pero le dije que no era necesario porque  en ningún momento imaginé cortarle sus recuerdos y mucho menos su coca fresca.
Me fui con su imagen a mi cabeza: sentado, con sus piernas abiertas y cruzadas, apoyando el lado externo del talón de la pierna derecha sobre la rodilla izquierda. Recostado en una silla cómoda y detrás del vidrio. 
Una hora más tarde, veo un audio con una voz distinta a la que había conocido recién, que dice “Recién salgo, yo no se porque me invitaron a charlar y a tomar algo, para mi estaban aburridos. Gracias por acompañarme y estar”. 

No pude más que sonreír. Me gustó conocerlo  e imaginar ahora sus ojos contentos, llenos de recuerdos y con un profundo deseo de nadar en la nueva pileta. 


domingo, 15 de noviembre de 2020

Flores celestes

Después de las salida del sol, después de la mañana, después del camino caminado, hay un árbol con hojas verdes que se colorean de rojo cuando arranca el otoño. Las hojas no se caen, porque no pueden tocar el suelo mientras el otoño convierte los suelos en caminos de hojas que no quieren caer.

No hay lugar para las mañanas de otoño cuando no hay hojas.

Antes de la salida del sol, antes de la mañana, antes del camino caminado, hay una flor chiquita de color celeste que de tanto ser despierta la primavera. Y son ellas, las flores mas pequeñas las que se desvisten para producir frutos y futuro.

Hay lugar para las mañanas de primavera cuando hay flores desvestidas.


Ella esta sentada, corta pétalos celestes y pisa las hojas que no caen.

Luego se va, para volver adonde nunca se fue.

sábado, 5 de septiembre de 2020

El seguro

 

Sabía que levantarse cada mañana mientras esperaba el caer de las pocas gotas que salían de la canilla oxidada, no era un desafío. Era pensar que debía hacer exactamente lo mismo cada día, cada hora, cada pasar del tiempo. De mediana edad, canoso, alto y flaco por la mañana se vestía con un pantalón marrón medio aviejado, una camisa amarillenta y una campera negra. Caminaba cuatro cuadras hasta el bar de la esquina en la avenida. Se sentaba en la misma mesa de siempre y Rosa le alcanzaba su café con leche con tostadas. Las untaba con mermelada mientras miraba por la ventana. Los autos pasaban, iban y venían. Le gustaba verlos mientras terminaba su desayuno. La idea de estar detenido mientras todo estaba en movimiento le generaba la imperiosa necesidad sentirlo.

Miraba el reloj siempre a la misma hora, dejaba el dinero bajo la taza y se iba a trabajar. La jornada en su oficina era monótona pero segura. El departamento estaba a unas cuadras del bar, era un primer piso contrafrente. En la puerta tenía el cartel de productor de seguros.

Empezaba su tarea a las diez en punto, nunca antes, nunca después. La oficina estaba venida a menos, poca luz, un cuadro de un paisaje pampeano, un cuadro de un santo y su certificado de productor. A eso de las diez y media empezaba a sonar el teléfono. Atendía displicentemente pero seguro. Describía el servicio y pasaba presupuesto. Así varias horas. No paraba para almorzar pero tampoco trabajaba todo el tiempo. Por momentos miraba la única planta que nunca se marchitaba. Se mantenía bella, llena de vida. El se acercaba y metía un dedo en la tierra. Si estaba seca, iba al pequeño baño llenaba un vaso blanco de plástico para regarla. Y la regaba. No pasaba día que no admirara su planta. Sentía una notable satisfacción de tenerla.

Luego de varias horas, se iba. Había vendido algunos seguros, resuelto un par de reclamos y planificado su día siguiente. Entonces volvía a su casa caminando, con la campera en le brazo y la sensación que mañana sería muy parecido. Estaba seguro.

La rutina de la tarde consistía en llegar a su casa, prepararse un mate cocido mientras escuchaba radio. Leía algún libro o veía algo de televisión. Los martes y viernes hacía las compras. Tenía una lista que repetía y le permitía asegurar sus provisiones para las semana. Ya a las ocho, cocinaba su cena y a las diez estaba en la cama mirando alguna película. Le gustaba las policiales, las de misterio a veces algún que otro documental. Así terminaba su día. Conforme y seguro de todo lo que fue su día y sabiendo como sería el de mañana.

No mucho más de las doce se quedaba dormido. Pero antes, apagaba la televisión.

viernes, 28 de agosto de 2020

Que añito, Teté.

Se termina Agosto. Qué añito, Teté. El único consuelo es que más o menos todes estamos con el mismo año. Tengo unos días horribles. No tengo ganas de vincularme positivamente con nadie. Miro mi celular y veo quien habla y me dan ganas de ladrar, cuál perro enfurecido. Lo peor es que sin motivo. Mi vida es tan predecible que más de uno y una podría afirmar que estoy haciendo a las 15 hs. Detesto estar expuesta de esa manera. Sí me gusta exponerme en mi cara graciosa y ocurrente, en mi faz de ir en contra de lo que la mayoría quiere o en decir un chiste. Y también me gusta ser un secreto indescifrable que siempre tiene algo más de lo que dice ser y hacer. Lamento mis días telarañas como suelo llamar a mis días oscuros. Disfruto en la oscuridad, no vaya a ser cosa de mentirme y mentirles. Disfruto las cosas porque hurgo en mi propio yo, disputando ideas propias y evaluando ideas ajenas, dudando de todo y sintiendo hasta la más chiquitita de las sensaciones.

Y en esa oscuridad de telaraña, de secretos no secretos y de exposiciones no expuestas, transito el Agosto que termina. Enojada con vos que nada tenés que ver, o con vos que todo lo tenés que ver y con vos que no me conocés además de vos que conoces todo. Con vos que me mirás y vos que ni siquiera sabés que estoy ahí. 

No puedo terminar de comprender para qué escribo esto, tal vez porque sería mi justificación a todo lo que hoy no puedo abordar. Todo aquello que no acepto no ser o poder.

Justificación o no, el mundo esta cada vez más extraño, Teté.


martes, 25 de agosto de 2020

Malo, malísimo

 

A veces me siento a mirarlo y no puedo dejar de pensar en la vida que llevó.

Siempre tengo la sensación que fue malo, malísimo. Que hizo todo aquello que alguien no tiene que hacer. Me lo imagino joven y lleno de autosatisfacción, sabedor de la historia aristocrática de su pueblo natal. Me lo imagino ambicioso de dinero y de placeres. Para nada empático. Egoísta de lo que quería y dispuesto a todo para lograrlo. 

Lo veo paseando entre las mesas del viejo restaurante indicando quién tiene que hacer qué y mirando que todo sea lo que tiene que ser. Puteando y señudo. Con nada de indulgencia.

Otras veces  me lo imagino tan solo como si fuera un adolescente que no podía hacerse cargo de nada y que sólo hacía lo que hacía para rebelarse contra algo que ni él sabía.

Lo veo en su coches y sus casas, sin tiempo para disfrutarlo.

Veo tristeza e insatisfacción, éxitos y excesos. La idea de que todo lo grande que hacía, lo tiraba por la borda.

No tengo demasiado claro si es verdad lo que mi mente recorre, pero cuando lo miro, mientras sus manos siguen trabajando entre harinas, no dejo de volver a imaginar.

Hoy por primera vez lo escuché hablando que al final estaba bien todo lo que le pasó. Que es mejor así sino hubiera sido una locura.

Nunca termino de saber qué pasó realmente y tampoco quiero preguntarlo. 

Prefiero imaginar que era malo, malísimo, y que a veces me siento a mirarlo.


viernes, 31 de julio de 2020

Flores de limón

Antes de ser limones son pequeñas flores blancas que duran poquito. Duran lo que apenas dura verlas. Y las ves porque se caen. Tienen aroma a limón.

En cada rama hay muchas de ellas. Pero son silenciosas y con un corazón amarillo, son la génesis.

Pasan sin pena, con gloria y dan paso a pequeños frutos verdes.

Los limones nacen tan chiquitos como quien nace. Así y todo su aroma parece no disimular su futuro. Un futuro posible de ver en los días que siguen. Y entonces crecen y no cambian su color hasta que un leve amarillo va transformando su presencia.

Se amarillan, como las hojas en otoño.

Pero los otoños nos avisa del recambio, nos obliga a pensar en la decadencia de las cosas, en la finitud de los ciclos.

El amarillo del limón no se asoma amarronado, se convierte en cada vez más amarillo.
Algunos caen antes de ser lo que deben ser, Algunos no se sueltan ni logrando ser lo que son.

Dicen por ahí que sacarlos en su punto justo le permite al árbol reproducirse y crear nuevos frutos.

El limón maduro es poderoso, mira altivo lo que va a pasar. Y pasa que toda su madurez se transforma en momento exacto para ser parte de otra cosa o de otras cosas. Su naturaleza ácida y bondadosa ofrece alternativas inimaginables. Incluso, partido, lamerlo produce una sensación inigualable, digna de florcitas ignotas.

Algunos limoneros no descansan. En el frío del invierno regalan su proceso natural para la contemplación y el aroma deslumbra al viento helado de la mañana.

Aquellos que quedan luego de la madurez, se hacen chiquitos, arrugados, hasta el amarillo se opaca. El aroma se va, quedan apenas dejos de lo que fueron.

Y las flores que ya no son comprenden, justo en ese momento, que llegó el momento de volver a ser sin ser, de volver a crear en silencio, de volver a ser solo el bello secreto que permite ser al limón.


sábado, 13 de junio de 2020

Humanas


Pensarnos.
Porque nuestra corporalidad es un sujeto de cambio que necesita la libertad de poder decidir, como una búsqueda imparable contra quienes impedían e impiden esa transformación.
Pensarnos
Porque  somos casi todas mujeres  las que cuidamos a los viejos y a las viejas, a los niños y y a las niñas, a enfermos y enfermas.  Porque en hospitales y en los barrios les ofrecemos té y leche de cuarentena. Y de la vida.
Pensarnos.
Porque la revalorización y conquista de nuestros derechos incrementó el cansancio de tener que hacer todo lo que hay que hacer, lo que hacíamos antes, lo que hacemos ahora…  casi sin preguntarnos si está bien ser y hacer todo.
Pensarnos
Porque la existencia del deseo de ser lo que se quiere ser, se vio atrapado en una jaula de miedos. Y porque aún hoy, en esa inexistencia de posibilidades, de recursos, de saberes.. Aún hoy, millones de mujeres viven oprimidas al yugo familiar y machista.
Pensarnos
Porque como actoras sociales  y económicas, aún estamos relegadas en consideración para las tareas, todavía se oye el rumor entre hombres dudando de las condiciones de mujeres o desvalorizando ser pares cuando no hay ninguna duda que lo somos.
Pensarnos
Por todas aquellas que en mayor o menor medida, sufren violencia física. Porque en los últimos 5 años fueron 1450 mujeres muertas por ser mujeres. Y sin contar las anteriores,  otras agresiones y otros tipos de violencia.
Pensarnos 
Por las 400.000 mujeres que según estimaciones, deciden interrumpir su embarazo anualmente con el riesgo de perder su vida en el camino.
Pensarnos
Porque está en nuestra lucha correr el telón de un nuevo paradigma. Porque llenas de humanidad debemos transformar esa humanidad para que sea más humana.
Pensarnos
Porque no queremos seguir contando desigualdades ni muertes
Porque la lucha no para
Porque queremos la libertad de poder elegir decimos #abortolegalya
Y porque queremos seguir vivas #niunamenos

domingo, 31 de mayo de 2020

Junio


Mañana empieza junio. ¡Habíamos planificado tantas cosas!
Se pasaron todos los meses envueltos en incertidumbre, nuevos pensamientos, nuevas formas de sentirnos.

Mañana empieza junio. ¡Habíamos imaginado tantas cosas!
Y el corazón nos despierta remolón de hacer por el miedo a no saber qué hacer o si va a servir lo que veníamos haciendo.

Mañana empieza junio  ¡Habíamos pensado tanto en salir!
Y navegamos entre imágenes pixeladas, compartimos mates lejanos, redimensionamos las  necesidades, miramos números, rascamos el fondo de las cuentas de los bancos.

Mañana empieza junio ¡Habíamos dejado tanto pendiente!
Nos enamoramos de las formas nuevas. Nos sorprenden las palabras. Nos entristece la falta de otras pieles en nuestra piel.

Mañana empieza junio. ¡Habíamos organizado tantas cosas!
Ya no es tanto tiempo. En vida normal apenas nos hubiéramos dado cuenta que el tiempo pasaba.

Y el tiempo pasó. Y sonrío a quien quiero sonreír. 
Pero mañana, empieza junio.

sábado, 16 de mayo de 2020

Tu ser, no ser.


Dedicado a los que aún mirando, no dejan de mirar.

Es el eco de la noche misteriosa, es el calorcito del sol que de noche no se ve. 
Es la flor que crece mientras miramos brotar las sonrisas.
Mis palabras envueltas en canciones descubren esas miradas tensas que relajan pensamientos vacíos de pensar.
El mundo se abre en cuatro partes de manzana verde ácida y mi mirada rejunta la sospecha de no ser.
Ser, no espanta las gotas de esa lluvia constante que desata melancolía por ser y tener.
Y ves mi cara envuelta en humo como la transformación tan sencilla como el deseo de tener todo para no imaginar nada.
Los pasos que damos son extraños, como artistas locos creando visiones inimaginables.
Tu ser, no ser, da color en una paleta cromática que ansia el silencio. Que espera el silencio. Que añora el silencio.
Habrá un misterio sin sentido cuando nos tomemos de los codos y me enamore de un sol que revolotea ese cielo que algun vez dejaste de mirar.



martes, 12 de mayo de 2020

The Truman Show


Como cada dos o tres días salgo con mi bici a comprar. En la ruleta del abastecimiento soy yo quien mayormente se ocupa del quehacer pues, de alguna manera es mi forma de reconectarme con el entorno, tan necesario para mi como hablar.
Así, viajo en bici, miro los árboles, las calles vacías, el sol matinal que ilumina el cemento, o las nubes que pasean tiñiendo de gris los días.
No me cruzo casi con nadie pero sonrío a casi todos y todas. Porque el salir me produce alegría de ver. Los demás que miran mi sonrisa seguramente creen que estoy medio trastornada y me sonríen. O por ahí solamente sonríen sin yo tener nada que ver.
Hoy volvía de mis compras, con mi barbijo y las bolsas de compras a cuestas y decidí cruzar la vía por la barrera opuesta a la que siempre cruzo. Quedé en el paso a nivel y cerquita de las vías. Justo salía el tren para capital. Me paré, agarré mi bici por su manubrio y esperé mirando hacia arriba el tren que imponente comenzaba a pasar frente a mí. Era altivo y ruidoso y quedé mirandolo hacia adentro, desde el abajo. Veia la gente que iba cómodamente sentada. Había lugar a pesar de la hora. Muchos asientos vacíos. Cada persona en el tren miraba por la ventana o para el frente o para abajo y tenían su barbijo como quien sale vestido. Los vagones pasaban y sentía la inmensidad desde abajo y lme asombraba  de las personas con barbijo. De repente pensé que no entendía bien que pasaba. Era un cuento o en una dimensión no real de la realidad. 
¿Cómo es que estamos transportándonos con nuestras bocas y narices tapadas, todos y todas?  ¿Cómo es que buscamos abastecernos como un medio de conexión social?
Esa gente y ese tren me llevaron a un extrañísimo lugar de descreer de la realidad vivida. Es una caricatura de vivir. ¿Es verdad todo estamos que estamos viviendo?
Mi cabeza giraba y giraba y los pensamientos en ella pero no lograban tener claro si somos lo que estamos viviendo o vivimos lo que somos. Por otro lado tampoco sabía cuán cierto es nuestra realidad. Al final casi confirmé que seamos la creación de un escritor o una escritora que decidió escribir un libro de ciencia ficción y que estamos viviendo esa vida creada, como Jim Carrey en The Truman Show.  
Y esa vida tiene un límite donde termina el mar, que es donde chocaremos y todo para darnos cuenta que todo era una maldita escenografía.

miércoles, 22 de abril de 2020

Desarrollo local y el nuevo paradigma

El desarrollo local como un espacio multidisciplinario que habla de las relaciones entre desarrollo y entorno territorial y con un abordaje de políticas públicas orientadas a generar condiciones de construcción de ciudadanía en un determinado territorio. El desarrollo local busca usar distintas herramientas que incrementen la competitividad económica, la cohesión social, la sostenibilidad ambiental y la capacidad innovadora y adaptativa. (1)
La CEPAL define ese mismo desarrollo como un proceso de construcción social del entorno, impulsado por la interacción entre las características geofísicas, las iniciativas individuales y colectivas de distintos actores y la operación de las fuerzas económicas, tecnológicas, sociopolíticas, culturales y ambientales en el territorio.
En cualquier definición, encontramos dos conceptos esenciales que deberíamos definir primero. Por un lado qué es el desarrollo y por otro qué es territorio. 
Cuando hablamos de desarrollo estamos hablando de un crecimiento equitativo en la calidad de vida expresada a través de la mejora en el alcance de los derechos y de las obligaciones de los ciudadanos y ciudadanas a través de una mejor calidad de vida desde lo cultural y económico.
Lo territorial por su  parte, nos habla del entorno que nos rodea y que teniendo sus propias características se ve influenciado y transformado por el humano que busca de adaptarse y adaptarlo. En lo territorial encontramos la relación directa con lo cultural, con las características que hacen a lo que somos en un determinado lugar. No es único ni de igual tamaño. El territorio varía en tamaño y en forma, y si bien no tiene que ver exclusivamente con lo geográfico, se asemeja bastante. 
El desarrollo local entonces, se enfoca en que dentro de un espacio determinado geográficamente y que posee de relaciones sociales y económicas entre las personas a través de una identificación de las características culturales propias, se genere un incremento en la calidad de vida ya sea económica, como social, como ambientalmente. 
En los últimos tiempos tiempos, ha mermado significativamente la relevancia de lo global. Sin hacer mucha historia, el proceso que nos encuentra previos a la pandemia mundial era un proceso de globalización local. Aunque suene extraño, comenzó a perder importancia la masividad de “las cosas” para darle lugar a espacios de comunidad que permitan fortalecer sectores específicos y para nada masivos. El advenimiento de la big data revolucionó el concepto de la masividad para iniciar un proceso de entendimiento local pero globalizado. Surgen así, infinitas comunidades sobre temas específicos y culturas específicas probablemente pequeñas pero que se conectan a través de la tecnología independientemente de lo geográficamente territorial. 
A su vez, muchas políticas públicas sociales y económicas, y en contraposición de la existencia de un neoliberalismo feroz que despersonaliza culturalmente todo aquello que se le atraviesa por el camino, comenzaba a poner en valor el desarrollo local, la importancia de los actores locales que generan progreso y desarrollo geográfico. Comenzaba a primar la asociación entre los actores locales sea de la sociedad civil o el estado. Se había comenzado a poner en valor la relevancia de la representatividad colectiva por fuera de las estructuras burocráticas de antaño y que esa representatividad local es lo que generaba y fomentaba las políticas locales de desarrollo. 
Toda esta tendencia motivada entre otras cosas por la tecnología cada vez más indispensable, por los cambios en la costumbres, por el signifcado de los asociativo y por cambios en las propias política pública, se vieron impactados por el COVID19 que llegó para romper todo lo imaginable e incluso lo inimaginable. 
La situación del desarrollo local entendiendo tal como lo entendíamos, choca frente a la necesidad de resignificar inicialmente lo territorial. Parecería que cada vez más lo geográfico va perdiendo contra lo comunitario, como un espacio que vincula culturalmente las personas independientemente de su espacio físico.  Esta nueva forma de vivir que nos impacta recién hace poco tiempo, ha venido para quedarse casi sin lugar a dudas. Es nuevas formas de relaciones territoriales ponen en alarma el concepto de desarrollo y por ende del desarrollo local. La invitación parecería entonces es construir nuevos paradigmas de desarrollo que nos permitan resignificar los las estrategias para la mejora de lo social, lo económico y lo cultural. Hoy las comunidades extra espaciales se ven fortalecidas, las relaciones interpersonales mutan a la distancia y sobre todas las cosas la sensación de incertidumbre sobre lo territorial y económico nos licúa la capacidad de comprender la relevancia de las acciones que efectivamente realizamos. 
Estamos en presencia de un momento donde los libros de historia contarán que fue el inicio de un quiebre económico hacia otra forma de relaciones, que seguramente derivará en otras formas de interrelación social y un cambio profundo en los conceptos de desarrollo tal como era hace un par de meses atrás.
Los gobiernos de los Estados deberán ser vanguardia para comprender los procesos de cambio, para adaptarse a los cambios culturales y ambientales y a entender el nuevo significado de lo territorial. Y de lo que es el desarrollo en este nuevo paradigma.
Las políticas públicas tienen la difícil tarea de ser lo nuevo que somos. 
Y nosotros y nosotras también, como sociedad, no debemos dejar de estar atentos a nuestra nueva tierra, hoy, que alguien decidió que es su día.


(1) Qué es el desarrollo local, Fabio Quetglas 

Marcela, la pastelera


Marcela esta completamente decidida a convertirse en repostera.
Quiere estudiar. Quiere practicar.
Entonces se levanta temprano y elige recetas para cocinar. Sale, se pone el barbijo y va a comprar los insumos. Huevos, harina, manteca, azúcar, cacao, crema, chocolate amargo, un limón para rallar. A veces son otros los ingredientes.
Vuelve, lava todo con alcohol al 70%.
Se cambia. Se pone cómoda.
Nadie la mira y ella nada ve. Sólo un bol, una espátula y el futuro de repostera.


A propósito de las SAD

Estos últimos días, los clubes son parte de la disputa ideológica que tiñe esta previa de ballotage presidencial. Frente a la reaparición de...