sábado, 11 de abril de 2020

Guadalupe

Mirá que hay cosas para contar eh, pero lo primero que me cuenta Pedro cada vez que me ve es la historia del primer día que conoció a Guadalupe. El que estaba sentado en un café en la esquina de Arias y Avellaneda y la vio pasar y la miró tanto que no pudo dejar de mirarla. Guadalupe se detuvo en la parada del 269 y se quedó allí. Tenía el pelo largo hasta casi la cintura, un jean y una campera de color negra. Llevaba una mochila y miraba el horizonte esperando su transporte. Entonces Pedro me sigue contando que no se resistió más y se levantó de su mesa. Salió y se paró al lado. Le dijo simplemente “hola”. Guadalupe lo miró y le respondió copiando su saludo.
Pedro no supo que mas decir y quedó callado. Vino el colectivo y Guadalupe subió. Pedro también. Ya sentada en el asiento de uno, nunca volteó la cara para mirarlo. Y en Morón finalmente se bajó. Pedro me cuenta que se sintió perdido y el chofer debió avisarle que terminaba el recorrido. Tuvo que bajar y ella ya no estaba más. 
Nunca supo más de Guadalupe.
Ni tampoco si se llamaba así.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me encantó la historia de Guadalupe..

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