lunes, 11 de enero de 2010

Discusión

-¿Viste?, al final es como yo te decía…
-Si… parece que sabes todo al final.
-Es que me la veía venir, siempre termina igual.
-Pero esta vez parecía todo distinto… yo creía que iba a ser distinto.
-Je, ilusiones…. Y de esas que no se cambian … ¿para qué creer todo el tiempo cuando hay experiencia de sobra que las cosas siempre fueron, son y serán igual?
-Es que… no sé… esta vez parecía distinto… ¿yo te conté como fue todo?
-No me hace falta
-Sí hace falta, no seas así. Hace falta para que te des cuenta que siempre terminás prejuzgando y que seas vos probablemente quien impulsa a que todo sea igual.
-Mirá, si vas a empezar con esas idioteces me voy. Hoy no tuve un buen día como para tener que estar escuchando una sarta de insultos gratis por mas sutiles que sean.
-Bueno, no te enojes. No era mi idea hacerte sentir así. No pretendo insultarte ni mucho menos… es que tenés unas posturas demasiado rígidas.
-Es lo mínimo que puedo hacer cuando escucho tanta ilusión sin sentido.
-Ahora me agredís a mí… ves que no se puede expresar una idea, ves que te ponés en una postura ridícula. No te entiendo… realmente no te entiendo….
-Ah, claro. Vos no entendés nada, nunca entendés nada. Hablás, claro… hablas y entendés lo que decís… pero ni se te ocurra entender lo que te dicen a ver si de repente entendés algo que no te gusta y te das cuenta que al final nada de lo que decís tiene sentido…
- ¿Yo? ¿Yo? ¿Estás hablando de mí? Jajajja ¿de mí? ¿Acaso no sos vos quien día tras día se empeña en complicar todo y explicar nada? ¿Acaso no sos vos quién tiene miedo de escuchar las palabras mas oscuras para darse cuenta que nada de lo hacés en la vida te gusta…? ¿Acaso…?
-Shhhh, calláte, calláte, calláte de una buena vez por todas. No te soporto. No soporto escuchar tu voz ridícula… me hablás pensando que tenés razón, que vas a hacerme doler, que nada me importa…. ¿Pero sabés que? ¿Sabés qué? A mi me importa todo, me importa vivir con tranquilidad, ser libre, escuchar los pájaros y no tus horribles palabras idiotas…, me importa hablar con sentido, vivir con sentido y morir algún día sabiendo que la única persona idiota del planeta no fui yo, entendés????
-¿Para qué querés que te entienda? ¿Para que necesitas que te entienda? Si ya resolviste que soy idiota y que mi vida es idiota, que el vecino es idiota, lo mismo que el verdulero, que el taxista, que la presidente y que la re puta madre que la parió… jajá aja idiota!!! Todos son idotas….!!! Somos una sociedad de idiotas y tenemos un rey que es idiota y que nos obliga a hacer idioteces! Y vos? La única persona en el planeta que no lo es, que vive de la cordura, de la inteligencia, del conocimiento, del equilibrio…. Vos! JUSTO VOS!!!! No me hagas reír querés…
-Idiota!!!
-IDIOTA!!
-IDIOTA…!!!
-Me cansé de escucharte… andáte querés
-Andáte vos
-Me voy yo, está bien, no me importa
- Idiotaaaaaaaaaaaa
-Moríte

jueves, 24 de diciembre de 2009

A N V E R S O

La humedad envuelve el cuadro. El papel muestra los años transcurridos. Un oscuro subsuelo lleno de muebles viejos.
Son de la señora. De la vieja que un día decidió olvidar.
Al subsuelo.
A los muebles.
La pintura en los bordes insiste en no ser olvidada. Roto. Rotura.
Hay manchas de humedad sobre el dorso. Un ganchito oxidado y torcido. Marrones, negros y blancos. Los primeros de madera, los segundos de humedad y los otros de pintura añeja.
Los agujeros brotan de roturas marrones y de humedad de subsuelos. Es tiza sobre papel esa raya en la esquina. Veo su color. El color de una vida expuesta en el cuadro.
Mide cuarenta centímetros de ancho por setenta de alto. Veo los años y óxido.

No sé si es un cuadro.

La vieja está en el subsuelo lleno de muebles. Se deshizo del cuadro por miedo de volver a mirarse y encontrar la vida que ya se fue y que nunca volverá.
Está sentada en una silla, esa que años atrás se vestía con una tela bordó y con tachas doradas en el borde de la madera tallada.
El bordó es igual que el vestido rosa pastel que usa. Formal, entallado, llegándole a las rodillas. Su peinado es firme y la convierte en una mujer de mármol.
Es vieja, se llama vieja, quiero decirle vieja y está bien.
No me importa nominar a quién deja ir del subsuelo añejo un pedazo de vida ajada. Vieja, y lo repito.
Es mala y autoritaria. Con su vestido rosa intenta mermar su vida de miseria, sólo por creer que el rosa la hace feliz y bella.
Rosa para mentir.
Odia a su marido y que el sentimiento es mutuo. Humedad en el papel es su descripción, como la del cuadro marrón.

Tiemblo ahora de saber y confirmar el paso del tiempo, entonces abro los ojos para mirar mejor porque ahora quiero ver.

Y seguro que tiene hijos y que sufren, porque ella, vestida de rosa insiste en mandarlos a estudiar piano, a comprar pan y a rezar. Estudiar piano y comprar pan. Pan y rezar, rezar y piano. Comprar. Estudiar. Rezar. Ellos entonces van a comprar pan y a estudiar. Rezar. Y los lleva de la mano hasta la puerta de la capilla en donde el cura los espera con una sonrisa y los deja solos. Solos. Comprando pan y pianos, capillas. Rezar pianos y comprar pan. Pan de pianos, rezos de pan. Comprar, estudiar. Rezar de la mano. Solos. Solos de pan. Solos de piano. Piano. Pan. Manos. Rezar. Vieja maldita. ¡Maldita!
Y seguro uno de ellos, el más grande, toma la comunión, reza rosarios marrones y libritos llenos de mentiras; y compra pianos y reza; se peina (lo peina) una y otra vez para quedar prolijo (prolija), casi de mármol rosa, rosa para mentir, igual que su madre, la vieja infame que se peina (lo peina) y toma la comunión para quedar prolijo (prolija) una y otra vez. Infame vieja prolija.
Humedad es el sufrir de los hijos, el cuadro y los zapatos negros y los vestidos rosas y ahora otra vez el cuadro y los agujeros y los ganchos oxidados….

Cara y seca.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Sin Selección Natural (SSN)

De repente es todo o nada. Sumergirme en expedientes celestes y rosas durante largos ratos. Subirme en micros y visitar su interior.
Dos caras de una misma moneda. ¿Dólar? ¿Yen? ¿Peso? … No, claro que no, la moneda es el Zahir borgeano.
Si soplo un globo aparece una flor, si soplo un micro aparece un expediente.
Hormiga viajera, pasajera en trance, ratos nómades.
Levantarme con la cabeza en el destino. Destino incierto teñido de colores divertidos.
Se producen escalofríos en el humor. Estar inquieta. Ser caracol que lleva casa a cuestas. Casita sin ruedas (debería ponerle).
Y en esa casa la necesidad para el vivir nómada. La selección de opciones. No hablo de Malthus y su selección natural, pero sí de ESA que hace decidir cómo vivir las horas.
Una vez se inundó. Un termo enojado abnegó mi casa sin rueditas. Agua, como en Paraná y en Santa Fé, tan mojado como no lo está Córdoba. Qué injusticia la disparidad acuática, algo así como una prueba natural de la pésima distribución de la riqueza.
Muchas caras. Multitudes embanderadas en colores de Pachamama y azules de ciudades sojeras. Música e instrumentos unidos por menores (pormenores).
Dinosaurios sentados en mesas con olor a viejo de ciudades litorales y pampeanas. Defensores de la plusvalía y el crédito fácil para el que tiene. Algunos juegan a hacer y otros hacen. Posibilidades de reinsertar.
La bandera en monumento, el río, el mar, un chaleco de polar que indica pertenencia.
Extremos climáticos. Exceso de calor de mediodía o exceso de viento salado nocturno.
Pasto alto, decadencia de una historia que ya pasó. Pasto corto, de una historia que no quiere pasar (a pesar de la sopa de calabaza sosa tan penosa como el señor canoso intentando usufructuar una tasa de interés subsidiada).
Enseñar, lo poco que se sabe, lo limitado que se aprende.
Trenes que siguen una vía marcada por el cause de un río.
El mal humor coquetea con el bueno. Fluctúan. Se producen en el stop del paseo. Del paseo inmoral (relativamente inmoral).
El agua sigue su protagonismo a donde sea. Numerosos espejos en donde se refleja mi espalda y el caracol sin rueditas que se encuentra en medio de la explosión interna.
Shh. Hay un micro esperando por rosas y celestes. Tienen cara y expanden sus manos abrazándome sutilmente. No los extraño nada, nada. ¿Y ahora? Ahora subirme en ascensores otra vez.
Tomáte un jarabe para la tos papelística y sonreí, que de agua y micros no siempre se puede vivir, excepto que seas una hormiguita viajera.

martes, 17 de noviembre de 2009

Epitafio

Mi humedad envuelve al cuadro. No, no es así. No es el cuadro.
Sigo sin saber el porque de los agujeros en mi cuerpo que vienen de las roturas marrones y de la humedad que hay en éste subsuelo.
En el cuadro esta el papel que me muestra los años transcurridos. Estoy en el subsuelo lleno de muebles viejos que pertenecieron a una señora que allí los dejó, pero luego los olvidó. Igual que a mí.
¿Será tiza sobre el papel esa raya en la esquina? ¿Será ese el color original o una vida mentirosa?
Pinto mis bordes porque no quiero que me olviden. Estoy rota. Todo en mí es rotura.
Veo manchas de humedad cada vez más grandes (en mi dorso está el secreto) y el óxido intenta ahogarme.
Marrones, negros y blancos, pero dudo y dudo sobre el color.
Me parece que exagero, pero creo que la señora me dejó en el subsuelo porque tenía miedo de volver a mirarse y encontrar la vida que ya se le fue y que nunca volverá.
Tengo miedo ahora porque la humedad no me deja decir mi nombre; a nadie le importa nominar a quien está atrapada en un subsuelo con la vida completamente ajada y vieja. Eso es lo que soy, vieja. Y me lo repito.
El óxido me cansa y me siento en la única silla que encuentro. Está tapizada de color bordó y tiene tachas doradas que delimitan el borde de la madera tallada con formas románticas.
Es bordó es imaginario, igual que el vestido rosa que tengo puesto. ¡Es tan bello! Es formal, entallado y me llega hasta las rodillas. Entonces aprovecho y me peino con un cepillo antiguo y mi peinado queda firme. Parezco de porcelana.
No puedo salir del subsuelo y mostrar mi cabello prolijo, ni tampoco el rosa de mi vestido. Ese color me hace parecer feliz y bella.
La señora me olvidó. Yo era mala y autoritaria. Ahora no puedo sacar de mi vida la miseria ni salir del subsuelo y me ahogo con el óxido y con la humedad.
Y pienso en mis hijos que sufren mientras estudian piano, compran el pan y rezan oraciones (plegarias infames); y porque los llevan de la mano hasta la capilla en donde el cura los espera con una sonrisa. Están solos y sufren y yo acá, sentada con mi vestido rosa.
Las manchas de humedad está llegando a mis vestido y el óxido corroe mis manos. Ese el papel y el cuadro.
Me arrodillo gritando en silencio y comienzo a rezar rosarios marrones y cada vez estoy más cansada y empiezo a odiar los agujeros y el óxido de mis orejas.
Rezo, desesperadamente rezo envuelta en el subsuelo mientras pienso en mis hijos.
Siento una brisa de aire en mi cara y me sorprende… era la última que quedaba…
Pero no quiero…. No quiero… pero no hay salida y… y me ahogo… me ahogo vestida de rosa.

jueves, 22 de octubre de 2009

Mermelada

Perdí mi llave secreta.
Endulcé las palabras agarrada al poste.
Describí círculos.
Miré el sol escupiendo magnolias.

De repente el sonido me detuvo.
Era la esperanza envuelta en lagañas.
Cabezas girando alrededor de un sapo.
Vomitando kilos de mermelada.

Un ciempiés miró por la cerradura.
El estupor destruyó la madera.
Un sinnúmero de orejas caídas.
Y yo, besando el cuento de las cajas rotas.

El árido frío envuelve las delicias.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Mi problema con la duda

De catártico a esperanzador escribo las palabras que a continuación han de ser leídas (o no).
Tal vez sea eso del “o no” o lo del “tal vez”.
Se convierte así la duda en certeza cuando un “tal vez” se arranca a cambio de un sí o de un no rotundo.
Mi propio imaginario interno, al que han denominado creencia, insiste en sostener la certeza como base de mis pensamientos. Las palabras, cuando brotan de los dedos, son la extensión de las neuronas que a veces no pueden hacer sinapsis y refutan inexplicablemente la certeza proveniente de la cabeza. (Obsérvese el “a veces” anterior, sin duda dos palabras lindantes con la duda, valga la redundancia escrita). Indefinición de dedos.
Tengo dedos dudosos frente a creencias de certeza. Casi inentendible. (Obsérvese la palabra “casi” actuando como medio de duda por el simple hecho que expresa algo que está por ser, que estuvo por ser o estará por ser)
Si la creencia incita al pensamiento de una vida bajo certezas y la creencia no es más que un abstracto que formo para lograr tener o pensar lo que me conviene, entonces debo encontrar una certeza en los dedos. Esos dedos que expresaban la no creencia, llámese entonces, dedos concientes.
El “tal vez”, el “o no”, el “a veces” y el “casi”, sólo como ejemplos expuestos en ésta breve reflexión, son consecuencias de dedos refutadores de neuronas creyentes.
Felicito a mis dedos, advierto a mis neuronas.
O no.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Historia de un baño público (y lo que queda en él)

Salí del baño y les comenté “¿Porqué a uno le da mas asco ver caca en las paredes del inodoro en una casa conocida que en un baño público? ¿No debería ser al revés? Luego, debatimos un rato al respecto como si la pregunta fuera filosófica.
La copa de A. giraba en sus manos intentando airear el vino. Me preguntó: ¿te conté lo que me pasó el otro día? Ya se lo había contado a su marido. El, se había reído mucho, sobre todo porque en su imaginación había llegado a pensar en una cola de caballo.
Y relató:
“Desde que tuve al nene algo ocurrió con mis órganos, tal vez se movieron por adentro, y se me cambió el metabolismo. Ahora tengo tránsito rápido (te acordás ¿no? lo que me costaba cagar). Es más, tomo un yogurt y tengo que salir corriendo al baño. Por lo general luego de desayunar mi panza empieza a hacer ruidos y listo, derecho al inodoro.
Cuando tengo que ir a trabajar y al tener que estar pateando en la calle todo el día evito tomar mate a la mañana. B. se levanta y hace el desayuno para los tres entonces mientras intento abrir mis ojos (cosa que es imposible, me tienen que despegar con una espátula) él me pregunta: ¿Café o mate? Y yo le respondo que café B. que tengo que ir a trabajar.
El otro día fue terrible. Me levante y tuve que salir corriendo para llegar a tiempo a encontrarme con dos compañeros a una determinada hora. Terminé de desayunar, agarré mi cartera con todos los papeles y salí corriendo. No tuve tiempo de ir al baño. Al final, estas dos personas no vinieron y me apuré al pedo. Pero el hecho es que ya estaba en la calle así que continué con mi día. Empezaron a darme ganas de ir al baño, ya en el tren imaginé ir al baño de Once y listo. La verdad es que tenía que apretar el culo para no cagarme encima. Sufrí todo el viaje.
Cuando llegué a la estación corrí al baño. La cola que había era enorme y pensé que si me quedaba haciendo cola todo ese tiempo pensando que me estaba cagando, me iba a cagar en serio. Me fui. Era mejor continuar el viaje. Tenía que ir hasta Núñez en donde está la oficina. Cuando llegué pensé en ir allí pero la verdad es que el bañito que tiene es demasiado pequeño y por sobre todas las cosas no confío demasiado en el botón. Tira, pero demasiado suavecito y me daba cosa dejar en la oficina mis soretes dando vueltas o bien tener que internarme en el baño para tirar una y mil veces el botón para luego salir diciendo… je, es que no se me iban los soretes, no me traerían un balde? Mejor que no. Así que fui al baño a hacer pis (apretando el culo a morir para evitar cagarme) y como ya sabía que la única toallita de papel que tenía no me iba a alcanzar para limpiarme, cuando encuentre un baño público, saqué bastante papel higiénico y me lo llevé.
Salí de la oficina luego de un rato con la única intención de encontrar un baño. Por suerte a una cuadra más o menos, en Libertador y Ruiz Huidobro, había una estación de servicio. Me fui corriendo hacia ella derecho.
Estaba realmente asqueada de tener que cagar en ese baño. Tenía miedo de ensuciar todo y salpicarme a mi misma no sólo con mi caca sino con la que esté de antes pegada en ese baño. Pero no podía más. Así que olvidé todo lo que me rodeaba y me cagué todo de parada. Paf, pum, paf. Que placer lleno de asco.
Me limpié con el papel que me había llevado de la oficina (apenas si alcanzó… viste que cuando uno no tiene mucho papel y mientras lo vas doblando terminas limpiándote con un dedo) y luego me lavé las mano miles de veces mientras sentía ganas de vomitar. Así que bueno, por suerte no salpiqué nada…”


La explicación de la cola de caballo (un caballo que con su cola desparrama caca para todos lados) no hizo más que continuar mi ataque de risa.
Una esponjita de baño a la derecha, por favor.

Lamento no haber grabado la historia, así poder darle mayor textualidad de la relatora, de cualquier manera, intenté ser lo más fiel posible.

A propósito de las SAD

Estos últimos días, los clubes son parte de la disputa ideológica que tiñe esta previa de ballotage presidencial. Frente a la reaparición de...