lunes, 16 de junio de 2008

Toc toc

Toc, toc
Quién es?
Soy yo, abrí
Quién es yo
Yo, sabés quien soy
Y qué querés a esta hora
Pasó algo
Y qué paso?
Abrime
No, no puedo
Porque?
No estoy solo
Con quién estás?
No te importa
Por favor, abrime
Te dije que no
Pero... es urgente, tiene que ver con vos
Conmigo?
Sí, con vos
Son las tres de la mañana...
Pasó algo, insisto, abrime
Corre peligro alguien?
Sí, sí.
Quién?
Vos
Yo?
Sí, estúpido, vos
Pará, que busco la llave.
Toc, toc
Sí?
Hola, soy yo, abrime
Quién sos?
Yo, sabés quien soy
No, y el otro?
Qué otro?
Antes vino alguien y llamó a mi puerta
Estás loco, dale abrí, es urgente
No, no puedo
Es importante, abrí te dije
No encuentro las llaves.
Buscálas, rápido.
Ok, ya voy.
Toc, toc
Ya voy, acá las encontré.
Me abrís?
Y ahora quién es?
Yo, sabés quién soy.
No, no lo sé.
Es urgente, no te hagas el tonto y abrí.
Por favor! Adónde se fueron los demás?
Qué demás? Estoy sólo yo.
Quién es yo.
Idiota abrí, estás en peligro.
Sí, ya sé ya me lo dijeron.
Entonces abrí, rápido.
No sé quién sos, no puedo abrir...
No importa quién soy, es tarde, abrí.
No, no puedo, no quiero.
Por favor, es hora, somos muchos, abrí.
No, por favor, ya entendí, no puedo abrir
No queda otra. Las llaves, ya.
No... por favor.

Informe policial
Se encontró cadáver, 5 de la mañana del 15 de Junio del corriente año, ahorcado con una sábana y con tres llaves atadas en su muñeca derecha.
Hora de deceso aproximada 03:10 hs
Carátulado como suicidio.
Fiscal de la causa: José Luis Raúl Sánchez

jueves, 12 de junio de 2008

Paseo

Un extraño destino
una oscura verdad
tan solo trapiezos
amar o callar
anduve caminando
por las calles al azar
por las calles vacías
Buenos Aires
Buenos Aires
Humedad

"Cae el Sol"
Soda Stéreo

domingo, 8 de junio de 2008

Mi vida sin mí


No es un título original. Es un plagio a una película que lleva ese mismo nombre.
Y ella es quien me disparó una reflexión o un sinfín de preguntas.
La historia: joven de 23 años casada y con dos hijas que no ha vivido más que esa vida. Y que por culpa de náuseas repetidas se entera que tiene una enfermedad terminal. Esta circunstancia genera un replanteo en su vida. Linda película, tema poco original pero el resultado es muy bueno.
Ahora, independientemente de la propia historia, me quedé pensando en cómo sería la vida sin mí (o sin cada uno de nosotros). Y en cómo uno hace o deshace para trascenderse. Qué es lo que hacemos o dejamos de hacer de manera genuina para con nosotros mismos y para con los demás. Porque considero que aquello genuino es lo que deja mella.
En mi vida, en “la vida”, perdemos la dimensión de las huellas. De las que podemos dejar, y gastamos energías apuntando a lugares que no nos interesan o por lo menos que no nos generan placer o pasión. O tal vez sí.
Entonces, pensé en cuáles son las cosas donde vale la pena ser, cuáles son las huellas que pueden quedar si uno repentinamente no existiera. Lo pensé en relación no sólo a quién se es sino a qué se hace. Y más allá de las cuestiones humanas sumé las laborales, las artísticas, las vocacionales y todas aquellas cosas con las que uno vive.
Mi vida sin mí y tu vida sin vos, esa es la cuestión...
"Mi vida sin mí" (2003) (My life without me)
Guión y Dirección: Isabel Coixet

martes, 3 de junio de 2008

Remera blanca sobre camisa turquesa

Sábado por la noche. Como ninguno, como cualquiera.
Lugar pequeño, oscuro. Abro los ojos mirando por primera vez a mi derecha. Remera negra manga corta sobre remera blanca manga larga. Miro adelante pero la brújula indica oeste. Vuelvo a mirar y mi corazón late. Es una máquina de golpear mi pecho. Zumbidos y murmullos que brotan de mi adentro. Cierro los ojos con la mano en mis bolsillos. Las siento transpirar. Una mirada que dice todo, que hace todo. Ojos miel que estremecen mis entrañas. Camino hacia la derecha con la mirada fija en un tatuaje de cuello. Me siento observada. Mis manos transpiran. Mi voz no sale. Estoy cerca. Hay golpes. Es mi panza, que despide rayos que seducen ojos. Es solo un metro. Alto. Hola. Mis ojos transforman la multitud en silencio y rozo mi mano con la otra mano. Mi cuerpo se estira como una serpiente entrelazada en un árbol. El sudor invadió mi cuello. Calor. Su mano toma mi cintura y se transforma en una montaña rusa de placer. Es esa mano en la concavidad de mis rincones. Se me cierran los ojos. No puedo abrirlos. El corazón late y mi humanidad despide lágrimas espesas. Su boca invade mi oído. Murmura. Sopla. Remera blanca en camisa turquesa. Mi piel se expande con ese rozar de labio en mi oreja. Escalofríos que me secuestran el cuerpo. Un cuerpo prestado a otro. Su mano invade mi espalda subiendo por los confines de mi columna vertebral. No puedo abrir los ojos aún. Tiembla mi cuerpo al sentir su mano en mi pecho. Toco suavemente el tatuaje con mi lengua. Descubro sabores nuevos que se mezclan con el sudor de mi piel. Mi respiración se entrecorta una y otra vez. Su boca destruye la última gota de conciencia. Me desplomo en el placer. Los cuerpos se entrelazan sin música. Sin ubicación. Sin sentidos. Mi cuerpo gira sin parar en una cornisa. Respiro y respiro. Se me entrecorta la vista y la realidad. Gotas que caen en mi sien. El movimiento de los cuerpos como olas embravecidas desgasta mi piel invadida de sensaciones. Entonces me sale la voz herida de placer que mueve piedras hasta el más allá. Y mis manos apretadas contra nada encuentran la medida justa para acallar la búsqueda de la inconsciencia. Y subo, subo al punto donde mi cuerpo se siente desfallecer. Subo más y más. Y busco el lugar de la inconsciencia. Y busco, y subo. Mis rincones rezan oraciones de cima. Y subo.

sábado, 31 de mayo de 2008

Decidir

Capaz que vuelo
Capaz que veo luces de colores estrellándose contra el cemento
Capaz que siento
Capaz que escucho palabras golpeando sobre las paredes
Capaz que vivo
Capaz que desentierro telarañas escondidas en la profundidad
Capaz que río
Capaz que sueno mi nariz en un pañuelo eterno
Capaz que entiendo
Incapaz de volar
Incapaz de ver luces estrellándose contra el cemento
Incapaz de sentir
Incapaz de escuchar las palabras sobre las paredes
Incapaz de vivir
Incapaz de desenterrar telarañas escondidas en la profundidad
Incapaz de reír
Incapaz de sonar mi nariz en un pañuelo eterno
Incapaz de entender.
Capaz, incapaz


Tal vez.

domingo, 25 de mayo de 2008

Pizzas para Germán


Al mejor estilo Jorge Bucay y/o Paulo Coelho, aquí va un cuento con enseñanza.
"Era un hombre como cualquiera. Mediana edad, empleado de una metalúrgica. Volvía de su trabajo alrededor de las 19:30 hs y su mujer lo esperaba con unos mates. Se sentaba en la mesa de la cocina luego de tirar a un costado la campera de polar con el logo de la empresa. Sacaba sus borsegos que quedaban bajo la silla hasta el próximo día. Contaba sus historias. Que había hecho durante el día, la discusión de su compañero con la mujer o la relación de Sandra (la recepcionista) con el jefe de sector. Se enojaba con la nueva máquina que fichadora que estaba en período de testeo y terminaba marcando cualquier hora.
Mientras la historia corría, aparecían en la cocina sus hijos. Se sentaban mirando al padre cómo un héroe de película. Imaginaban su trabajo, sus manos levantado grandes y pesados hierros que terminaban fusionándose para convertirse en clavos. Él, casi a propósito exageraba las historias viendo el rostro de sus hijos y sintiéndose satisfecho de lo que provocaba en ellos. Un padre siempre quiere ser héroe. Y lo era.
Cierto día en donde la rutina de acciones se repetía como un ritual, y en medio de la dudosa historia de cómo se cayó un compañero desde el segundo piso y de cómo él al darse cuenta corrió velozmente y logró atraparlo salvando su vida, vio que uno de sus tres hijos varones miraba para otro lado y no tenía cara de asombro. Preocupado e indignado por semejante desaire, se detuvo en su historia, puso cara de malo y lo miró. Germán, casi sin percibirlo, siguió en su estado de ensueño. El grito de su nombre lo despertó. Estaban todos mirándolo. Germán era un niño de diez años, regordete, callado y soñador. No era el mayor, tampoco el menor. Vio que lo observaban y con caras de enojo. No estaba permitido volar cuando el padre hablaba. Entonces, fue interpelado.
Decime, Germán (dijo el padre imperativamente), ¿en qué estabas pensando?
En nada, papá.
No me mientas, mocoso. Decime la verdad. Es una orden.
Es que... es que... no puedo decirte... (decía el niño tímidamente)
Decilo o no comes la pizza que acaba de amasar tu madre.
Es que... tengo que escribir una historia en el colegio sobre el trabajo de mi padre. Y no sé que poner. (dijo el hijo con visible angustia)
Pero Germán, eso es fácil. Tu padre es empleado de una metalúrgica. (dijo la madre restando importancia a la preocupación del niño)
Ya sé... pero no sé cómo poner lo otro (su tristeza era aún más visible)
Qué otro...? (preguntó el padre)
Eso... la fuerza que tenés que podés levantar miles de kilos de hierro, que salvas gente, cuando agarraste a ese ladrón y lo llevaste a la cárcel, el día que tomaste el vaso con veneno para evitar que lo haga tu jefe y cuando apagaste el incendio con tu camisa... papá... si escribo eso no me van a creer. (termino Germán su exposición con lágrimas en los ojos...)
Silencio. El padre miró a su hijo y a su angustia. Y bajo la cabeza. No tenía nada para decir."
Moraleja: No tiene sentido alguno andar por la vida diciendo que sos un héroe, sobre todo porque le cagás a vida a aquellos que creen que lo sos. Ahora, si lo sos... sea en el ámbito o en la dimensión que sea, dale para adelante... aunque nadie lo crea.

Dedicado a las manos que amasan de Aleja y al cerebro inspirado de Diega.

domingo, 18 de mayo de 2008

30 ANIVERSARIO


Me agarró una necesidad casi inexplicable de exponerme sin pudor alguno. De esa necesidad salió esto. Bienvenidos a mí.
Me quedan sólo cuatro días para cumplir años. No suelen ser fechas demasiado conflictivas en mi persona. Lo máximo que hago es cortarme el pelo.
Hoy, al borde del cambio de década, parece llamativa mi turbación al respecto. Según me han contado por allí, cuando uno cumple 30 ocurre un evento astrológico nunca vivido. Pasa Saturno sobre nosotros por primera vez en la vidas. Guau. Sí, Saturno, ese, el de los aros. Impensadamente esto provoca un proceso de cambios y de movilización interna interplanetaria que lleva hasta un abismo sospechoso. Parece que Saturno, es tan lento que tarda treinta años en orbitar, por lo que todo se alenta. Eso me motivo, por suerte, ya que pude atribuir mi lentitud a otra cosa que no era yo misma. Por lo tanto, amigos, tengo a tan agradable planeta sobre mi cabeza.
La presencia a ésta altura indudable de la astrología me llevó a pensar en el paso del tiempo que no necesariamente es lento. Pero tampoco rápido.
Pensé en mi vida y en cada cosa que me pasó. Me miré de guardapolvo rayado cortándome el tendón del dedo gordo del pie izquierdo a la edad de 4 años, y llorando en la salita más cercana consecuencia de los muchos puntos de sutura. Me vi con la malla de Club Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó, compitiendo en torneos de gimnasia deportiva y a mi mamá llevándome el té con leche al club todos los días en un vaso térmico porque era la única manera de tomar algo entre el colegio y el entrenamiento.
Pensé en ese guardapolvo marrón de muy mal gusto que llevaba en la primaria. El uniforme con pollera gris y chomba azul, característica de colegio copetudo de Castelar. Y las miles de actividades que hacía en él. Estaba metida en todo lo humanamente posible. Grupo campamento, grupo de religión (sí! En una época fui a la iglesia...), grupo de ayuda social (un puñado de niños bien que íbamos a compadecernos de los desvalidos) y cualquier cosa que surgiera. Y me vi adolescente, con miles de traumas, con 20 kilos más y nutricionista para adolescente a cuestas.
Y Bariloche, del cual nada me acuerdo. Pueden dejar testimonios que tengo una laguna al respecto. Es más, dudo de haber ido si no fuera por las fotos que avalan mi presencia. Y veo mis amores y desamores. Cuando uno sentía una pasión incapaz de frenar por algunos que ni siquiera eran hombres aún. Y la decepción era casi mortal, y la alegría era única.
Paseo así por mi última etapa de colegio y el salto a la Facultad. Al trabajo. Y a mi primer sueldo. Trabajaba en Mataderos. Luego de cobrar la suma de $250. - me tomé el colectivo para ir para Liniers y tenía tanta emoción que lo tome mal y me fui a Villa Madero. Impresionante. Para esa época, un amigo insistía en darme artículos sobre la anorexia a eso de las 6 de la mañana en la estación de Castelar mientras fumábamos como escuerzos esperando el local de las 6:20 hs que nos llevaba al CBC en Puan. Y yo me reía de él.
Y así pasaron libros, trenes y fiestas. Muchas fiestas. Y noches. A la distancia veo como una época absolutamente maravillosa. Salir del huevo y ver el mundo.
Y así, pululando por las facultados, en ciudad universitaria, conocí a quién sería mi compañero de ruta por muchos años. Un intelectual algo averiado por la vida que manejaba un 147 blanco polarizado bajito, en donde el caño de escape gritaba aturdiendo gente. Un día me subí y no me bajé mas. Y los viajes, los amigos, mi incipiente necesidad artística plasmada en algún que otro curso de poesía. Y ya en Ciencias económicas, y casi por casualidad (nunca existe la casualidad) unas compañeras me impulsaron a hacer teatro. Y fue otro 147 polarizado del que nunca me bajé.
Y así tuve un título, una casa, un jardín. Y me fui perdiendo en mi misma, Me olvidé de mí. Y me convertí en otro yo. Y lo disfruté. Tuve mi proyecto, era dueña de un negocio, hacía y deshacía a gusto y piaccere. Y bailaba con Rita, mi perra ovejera.
Nunca perdía mis espacios, mis amigos. Nunca perdí.
Hoy, al borde de mis treinta (casi lo repito para creerlo y por una necesidad de hablarlo, decirlo, mostrarlo) me cuesta entender lo que Saturno esta haciendo en mí. Sí, ese, el de los anillos. A veces veo mi vida anterior como un cuento imaginario.
La lentitud de éste planeta es la oposición a mi realidad. Todo gira como en un tornado. Todo esta por hacerse. Y me visto de fiesta, me pongo un vestido violeta largo con la espalda escotada. Y me pinto los ojos con sombra al tono. Y el rímel que agranda mis pestañas para ver más lejos. Y pinto mis uñas con suavidad. Me calzo los zapatos con poco taco y poca punta. Me abrigo con un tapado que hace juego. Igual que mi cartera. Y en esa cartera hay miles de cosas, que ni yo sospecho que existen.
Me paro en la puerta de mi nueva casa, toda vestida y arreglada a recibir los treinta. A abrazarlos y hacerles honor.
Y entonces miro mi vida
Y miro hacia el cielo
Y veo a Saturno (sí, ese, el de los aros)
Y está guiñándome un ojo.
Y yo? Yo, sonrío.

A propósito de las SAD

Estos últimos días, los clubes son parte de la disputa ideológica que tiñe esta previa de ballotage presidencial. Frente a la reaparición de...