Me levanté cansada. Hace dos días mientras
intentaba descansar sonó el teléfono. Era un señora preguntando por José. Le
dije que se había equivocado que no había ningún José en la familia. Cortamos.
Sonó nuevamente y la misma señora insistía con hablar con José.
Yo, con mi mejor predisposición, le dije que
se había equivocado y que no había nadie llamado así. Le consulté el número de
teléfono y era exactamente el mío. Le aseguré que tenía mal el número y que por
favor no llame más. Con mala disposición me dijo que era todo muy raro pero que
dejaría de llamar y que le informara a José que Marisa lo estaba buscando
por el temita del dinero.
Sólo por no contrariarla y porque tenía ganas
de dormir le dije que estaba bien, que si lo veía le iba a decir. Pude
conciliar el sueño alrededor de las dos menos veinte. Fue la última vez que
miré el reloj despertador.
Me despertó con el sonido del timbre.
-¿Quién es?
- José.
Sorpresa.
Recordé el llamado de ayer. ¿Será ese José?
Me asomé por la ventana y le pregunté que necesitaba. "Es por lo de
Marisa" me dijo y continuó: "hablé con ellos y me dijo que Marisa
quiere que te deje el dinero de la planta. Parece que no quiere verme pero no
me importa, hace tanto tiempo que no la veo que no me preocupa demasiado".
Por cortesía le dije que estaba bien, que me deje el dinero a mí que yo me
ocupaba.
José era de mediana edad, calculo de unos cincuenta años. Estaba muy bien
vestido. Los zapatos eran una especie rara de mocasines con tiritas en color
beige oscuro. Muy típico de los Josés.
Pasó el dinero por debajo de la puerta y se fue caminando lento hasta la vieja
camioneta.
Subió y se fue.
Tomé el sobre y lo abrí. Encontré un cheque
de quinietos pesos diferido a julio. Estaba a nombre de Marisa Gómez. Además
había una nota escrita en mayúscula de imprenta que rezaba:
"Carmen: te dejo la plata de tu planta. No era necesario que Marisa me
llamara para pedirla. Te iba a traer el cheque en cualquier momento. La planta
está bien, sólo un poco mareada con el clima. Viste como está todo, somos invierno
y hacen treinta y cinco grados. Llamó Luis pidiendo por vos, le dije que
estabas de viaje unos días buscando nuevas especies. Creo que no me creyó. Es
más que obvio que Julián le contó todo y sabe que te viniste a Tres Arroyos.
Saludos. José"
Guardé la carta en el primer cajón de la cómoda.
Mi día transcurrió como de costumbre.
Alrededor de las diez de la noche suena el
timbre nuevamente.
Era Marisa. No me costó reconocerla ya que
golpeaba la puerta pidiendo por José.
Apenas le abrí entró y se fue a sentar sin
pedir permiso al sillón que está al lado de la ventana.
Tenía expresión de enojo. Bueno, me dijo,
decile a José que baje. -"No está" le dije. Luego detallé lo
que pasó a la mañana y le dí el sobre. Ella lo tomó bruscamente, miró el importe
de cheque y comenzó a leer la carta.
Me dijo que efectivamente el clima está
completamente loco y que eso afectaba a cualquiera. Además que acá en Tres
Arroyos no llueve desde hace unas largas semanas entonces las plantas no
sobreviven. Hasta se murió un perro rengo que no llegaba nunca a tomar agua de
un vertedero en la plaza principal.
Ya eran las doce y Marisa seguía sentada mirando el cielo razo. Insistí con
servirle un té de boldo pero me dijo que le daba gases y que prefería
esperar.
"¿Qué cosa esperás?" pregunte.
"Me pasa a buscar Julián alrededor de las dos. Además, no puedo irme
caminando".
A las dos en punto apareció un Torino rojo con vidrios polarizados. Era Julián.
Entró, tomó de un brazo a Marisa, le dió un beso novelezco en la boca y se la llevó.
Se fue el Torino y el cheque. La nota quedó tirada en el piso. La tomé con mis
manos y al levantarme lo ví a José mirándome de la puerta. No decía nada.
Entonces le conté de Marisa, de Julián que se la había llevado junto al cheque.
Su cara no expresaba nada me saludo con la mano y se fue caminando.
No era un mal hombre, pensé.
Me acosté agotadísima. El tema de la planta no me dejaba dormir.
La mañana me encontró cansada. Hacía dos días que no descansaba bien. Debía ser
el teléfono o el timbre. O Marisa y Julián. O podría ser José que parecía tan
bueno pero a quién no terminaba de entender. Sobre todo por la planta. No podía
entender que él tuviera la planta.
Me trajeron el diario "La voz del pueblo" del domingo y lo tiraron en
la puerta. Lo abrí y ví el acto de conmemoración por Malvinas.
A veces no podía recordar nada.
Y José se encargaba de recordar. Con nuestra
maldita planta. Ahora la tenía él. ¿quién era José? ¿ Y Carmen?
Cuando era apenas un niño, se fue con gorro y de verde. Cuando volvió y sólo
porque volvió la plantamos. Hace 27 años. Yo me fui hace 15 y volví. Sin saber
quién era yo, y apenas sabiendo quién es José.
Cerré el diario y me preparé un té de boldo. Miré la heladera y la foto en ella
pegada. Tres personas en una playa desierta y sus nombres escritos en la arena.
Era Marisa y era José. Y Carmen.
Me puse los anteojos. Miré la foto y me miré al espejo.
¿Cómo estará la planta?
Foto: José
Luis Gómez, uno de los ex combatientes de Malvinas en Tres Arroyos