lunes, 24 de junio de 2019

Gotas caer


Estaba sola mirando las gotas caer. Pensando en nada.
Estaba tratando de comprender el desequilibrio de la energía.
En qué tanto se puede poder y se espera poder.
Mis recuerdos sobre gotas son secretos colmados de energía.
Y la energía que se desequilibra por culpa del tiempo y de la necesidad innegable que grita su inexistencia.
Serán que las palabras más silenciosas las que gritan?
Será el desequilibrio el motor que impulsa la vorágine insuficiente?
Sensaciones de un vacío lleno de vacíos y de un lleno vacío de llenos.
Mis manos se abren para abrazar palabras distintas y de esas que nadie creó aún.
Y entonces, esa soledad de gotas caer.



miércoles, 8 de mayo de 2019

Como el tango, siempre llega.


Y  te llega un wathsapp de un amigo que te conoce muy bien y con quién has hablado y vivido tantísimo de idelogías y políticas. Y te quedás sin nada que decir.

Es así Eze, tenés toda la razón.

domingo, 5 de mayo de 2019

Una mirada sobre trabajar


Siempre me caractericé por amar el trabajo por sobre la mayoría de las cosas. Suelo apasionarme hasta lo indescriptible con lo que voy eligiendo. Por suerte, suelo elegir mis trabajos. Tengo que valorar esa característica que transita mi ser.
Esa pasión de mi persona por el trabajo no deja de ser criticada aunque muy solapadamente. Principalmente porque la vuelta económica habitualmente no suele ser balanceada según los cánones sociales.
No digo que uno no tenga lo suficiente nunca, sino que el tandem dedicación/retribución tiende a ser despareja y para resolverlo se suele mermar la energía e igualarse para abajo. Cobro poco, trabajo poco. También viceversa.
Es muy cierto que cuando uno trabaja debe obtener como contrapartida un monto adecuado para justificar el tiempo que se dedica en pos de restar tiempo a otras cosas que también se cree son más valiosas que el propio trabajo. La familia, lxs amigos, la recreación, el ocio.
Claro que sería muy polémico por mi parte insinuar que no es verdad y que no hay prioridades.
El tema es como encaja y que representa para cada quién lo que se hace.
Suelo hacer el ejercicio de consultar a gente de qué trabajaría sino fuera profesional de lo que es o trabajador de lo que es. Por lo general, hay un porcentaje altísimo que haría cualquier cosa menos lo que está haciendo. Es ahí, entonces, en dónde la cosa se pone linda porque, claro, cuando uno no hace lo que quiere, por lo general no quiere hacerlo. Y si no quiere hacerlo entonces siente que no está haciendo algo que le gustaría. Así, sumamos valor a aquellas cosas que nada tienen que ver con el trabajo.
Entonces, ¿qué es para una persona trabajar? ¿Significa algo más que tener dinero? ¿qué trabajo haría si no hicieras lo que hacés? ¿Si lograras hacer lo que realmente te gusta, trabajarías más?
He escuchado hasta el hartazgo gentes que dicen que lo primero es la familia, que por trabajar perdieron tiempo con la familia. Un concepto que se replica en la calle, en los medios de comunicación, en películas. Es corolario de conclusiones intransigentes de que el trabajo nos rompe la familia y nos desgasta el tiempo.
A su vez el trabajo también es un instrumento de dominación de clases e identificación de clases. No quedan lejos los análisis económicos, políticos y sociales que nos determinan el concepto de lo malo que es trabajar. Imaginate que en gran cantidad de casos, hay unxs menos que tienen poder y que ese poder lo sostienen a través del trabajo de otrxs. De otrxs a quién no suele gustarles su trabajo porque en realidad harían otra cosa. Entonces es un combo explosivo de explotación y muchas veces de autoexplotación. 
Nuestra historia se puede ver a través del trabajo, de las relaciones del trabajo. Parecería que todo está armado para pensar que el trabajo es lo peor que nos puede pasar. No nos retribuyen bien, nos resta vida familiar y amistosa, nos roba tiempo, nos hace tener horarios, nos convierte en oprimidxs u opresorxs. Porque suele pasar que el que trabaja de opresor/a tiene por sobre sí otrx opresor/a que lx oprime. Y así como un círculo vicioso que alimenta la maldad del trabajo.

Por último, y para nada menor, el trabajo implica dinero y dinero es la base de nuestra sociedad hace mucho tiempo ya. Entonces trabajamos para tener dinero no para trabajar en si, por lo que el trabajo deja de ser la búsqueda de algo para ser apenas un medio para. Y un medio que no gusta, que resta ocio y felicidad y que oprime. Una cagada trabajar entonces.
Así, el imaginario y la construcción del sentido común pone al trabajo en éste lugar tan espantoso. Solamente le dan una característica que es la dignidad. Que, sería otra vez polémica si dijera que bueno pero no se sí tanto.
El trabajo no oprime, lo hacen las personas.
El trabajo no nos resta tiempo a nada, es el sistema o nosotrxs mismos como forma de justificar deseos ocultos.
El trabajo no es digno, somos dignos si valoramos lo que hacemos en pos de nuestrxs ideales.
El trabajo no es eso que tenés, el trabajo es una manera de relacionarte con el trabajo.
El trabajo es poder sentirse activo y el trabajo debe ser parte de lo que somos porque también somos lo que hacemos.
Trabajar es también pasarla bien más allá de los espacios de ocio.

Esta oda al trabajo es un intento de repensar lo que nos pasa con el trabajo. El que teníamos, el que tenemos y el que tendremos. Es intentar pensar qué es para cada unx y porque hay un montón de trabajo que nadie valora como tal... como mi vieja que sigue planchando y que aún no lo puedo comprender.

viernes, 26 de abril de 2019

Los inodoros de Santiago


Dice la leyenda que a principios de los ochentas en la zona sur del conurbano vivía un señor que tenía el don de conseguir inodoros, llevarlos a quien lo necesitara e instalarlos.
Se hacía llamar Don Santiago. Era flaco y de pelo entrecano. Caminaba lento como arrastrandro las piernas. Pantalón de corderoy marrón, camisa blanca. Su ojos pequeños no impedían ver sus párpados caídos como alimentando su imagen de cansancio.
Nadie sabía dónde los conseguía los inodoros, pero nadie le preguntaba.
Por alguna extraña razón, podía identificar la necesidad del artefacto. Una vecina del barrio de Gerli contaba que solía verlo mirando casas en construcción, sin embargo, nunca llegó a comprobarse la veracidad de esos dichos.
Si cualquier persona empezaba a pensar en la necesidad de comprar un inodoro, Don Santiago giraba en la esquina y aparecía en la casa cargando uno. Así nomas, sin envolver. Lentamente llegaba a la puerta de la casa, bajaba al piso el inodoro, en silencio le ofrecía un saludo con su mano y entraba a la casa a instalarlo.
Nadie nunca se atrevió a detenerlo.
Luego de una hora, se lo veía salir con su andar cansino y girar nuevamente en la esquina.
Don Santiago se ocupó de percibir necesidades hasta fines de los noventas que enfermó seriamente de los pulmones.
Las últimas veces que lo vieron, tosía mucho y cargaba inodoros con mucha dificultad.

Los restos de Don Santiago están en el cementerio de Lanús desde el invierno de 1999. Una multitud de gente lo despidió. Desde esa fecha, muchos vecinos agradecidos con el trovador de baños decidieron crear una fundación para recordarlo y valorizar la función social cumplida.

Hoy, la Fundación Amigos del Inodoro “Don Santiago” es uno de los pilares en la búsqueda, entrega e instalación de inodoros de la zona. Enfocan su tarea en aquellos que no puede cambiarlo por cuestiones económicas o afectivas realizando asistencia y tutorías. Además, han desarrollado un “banco de inodoros” en dónde se producen intercambios solidarios. 
En la sede de la fundación, puede verse una foto de “Don Santiago” con la leyenda “vos siempre pensando en nuestros inodoros y nosotros siempre llevándote  en nuestros corazones”.



Dedicado a Santiago y a Victoria, fundadores del banco de inodoros, por ser inspiración para la sonrisa.




lunes, 15 de abril de 2019

No te metas


Es necesario que nos sentemos a mirar cómo hacer para entender. En vez de eso parece necesario imaginar que se sabe lo que se cree que se sabe y empezar a crear la necesidad de intervenir sobre la creencia del saber para buscar respuestas a problemas que nadie plantea y que nadie pregunta.
¿Acaso usted cree que el no hacer lo que uno cree que es lo que hay que hacer le da derecho a opinar sobre lo que hacer?
A veces lo más importante es comprender que las creencias propias sobre lo que otrx hace es menos importante que sentarse a comprender lo que otrx hace a través de la mirada del otrx.
El trabalenguas es para tratar de entender lo que parece que no se entiende y no sólo eso sino que busca que usted comprenda que lo que no se comprende porque mucho se dice pero no se escucha.
Así, lo que se hace es mas importante que lo que se cree que se hace.
Y lo que se dice es menos importante de lo que se cree que se dice sin decir.
Lo que se dice sin decir es que no se entiende.
Y si no se entiende, entonces no se meta.

viernes, 12 de abril de 2019

Mañanas de otoño


¿Somos acaso, mesas vacías?
¿Somos mañanas silenciosas?
¿Veredas limpias?
¿Somos acaso, soles de otoño?
¿Somos asientos vacíos?
¿Carpas de colores?

Si las mañanas de otoño tuvieran voz, cantarían canciones tranquilas. Si tuvieran manos, pintarían las calles de colores pasteles. Si tuvieran pies, bailarían entre las hojas secas. Y si tuvieran sentimientos, sonreirían mostrando de vez en cuando una mueca triste.

Pero no lo hacen, porque las mañanas de otoño no son mañanas, soy ayeres futuros.

domingo, 7 de abril de 2019

Estuche



Cuando iba a levantar el estuche y lo que quedaba de los anteojos, pasó un vendedor de churros motorizado y se lo robó. La moto disparó a toda velocidad lo que no dio tiempo al señor a reaccionar. Incrédulo miró al cielo y salió corriendo a los gritos. La moto le llevaba ventaja pero dejaba caer churros por la velocidad. Siguió el rastro de esa masa frita crujiente hasta que vio la moto detenida sobre la vereda de un lavadero de ropa. Se detuvo, tomó aire y avanzó hacia el otro lado de la calle a rescatar sus rotos anteojos. Cruzó y esquivó un colectivo. Pero no logró esquivar al camión que venía del otro lado. Fue un segundo en que todo pareció irreal, todo le daba vuelta, la calle, la moto y los churros. Y recordó sus anteojos. Ese fue su último pensamiento.

A propósito de las SAD

Estos últimos días, los clubes son parte de la disputa ideológica que tiñe esta previa de ballotage presidencial. Frente a la reaparición de...