
Fue el 76 y fueron otros muchos años, antes y después, en donde la sociedad ha
sufrido el reflejo de lo que ella misma es. Y ese reflejo produjo y produce
innumerables consecuencias que entristecen la realidad de lo que somos y de lo
que construimos.
Hoy podemos decir, podemos opinar, podemos sentarnos en medio de la calle y gritar. Y gritarnos.
Aunque parece que estamos incapacitados de saber que decir o que opinar o que gritar.
No somos la sociedad de hace 33 años atrás, no lo es el contexto.
Habiendo nacido en el 78, casi junto con el Mundial, y no habiendo tenido vínculo ni riesgo de perder mi identidad, como sí lo han hecho muchas personas de mi edad, no soy siquiera parecida a quienes han nacido hace diez años, o a quienes lo hicieron hace veinte, respecto del marco social que me ha acunado.
La sociedad, nosotros como sociedad, no somos los mismos de antaño.
Pero la intolerancia, la falta de comunitarismo, el no te metas y la discriminación no cambio.
Hoy podemos decir, podemos opinar, podemos sentarnos en medio de la calle y gritar. Y gritarnos.
Aunque parece que estamos incapacitados de saber que decir o que opinar o que gritar.
No somos la sociedad de hace 33 años atrás, no lo es el contexto.
Habiendo nacido en el 78, casi junto con el Mundial, y no habiendo tenido vínculo ni riesgo de perder mi identidad, como sí lo han hecho muchas personas de mi edad, no soy siquiera parecida a quienes han nacido hace diez años, o a quienes lo hicieron hace veinte, respecto del marco social que me ha acunado.
La sociedad, nosotros como sociedad, no somos los mismos de antaño.
Pero la intolerancia, la falta de comunitarismo, el no te metas y la discriminación no cambio.
Recién
amanecido el 24 de Marzo, sale León Gieco al escenario. Pero no sale sólo, lo
acompañan muchas personas que bailan, cantan, tocan instrumentos y sonríen.
Personas que no vamos a ver habitualmente a un recital. Personas en sus sillas
de ruedas, personas con distintas caras algo achinadas por su desarrollo
genético, personas que no ven y otras que tiene limitada su capacidad de
aprendizaje o de habla.
El Síndrome de Down es una alteración genética que se produce en el momento mismo de la concepción, al unirse el óvulo y el espermatozoide. Es causado por la presencia de una copia extra del cromosoma 21 (o parte del mismo), en vez de los dos habituales (trisomía del par 21), caracterizado por la presencia de un grado variable de retraso mental y unos rasgos físicos peculiares que le dan un aspecto reconocible. La causa que la provoca es, hasta el momento, desconocida. Cualquier persona puede tener un niño con síndrome de Down, no importa su raza, credo o condición social.
El Síndrome de Down es una alteración genética que se produce en el momento mismo de la concepción, al unirse el óvulo y el espermatozoide. Es causado por la presencia de una copia extra del cromosoma 21 (o parte del mismo), en vez de los dos habituales (trisomía del par 21), caracterizado por la presencia de un grado variable de retraso mental y unos rasgos físicos peculiares que le dan un aspecto reconocible. La causa que la provoca es, hasta el momento, desconocida. Cualquier persona puede tener un niño con síndrome de Down, no importa su raza, credo o condición social.
Tenía algo de
cuatro años cuando les pregunté a mis padres mientras mirábamos un programa
sobre niños con "síndrome de down" en la tele blanco y negro.
"¿Así es Gustavo, no?" Ellos me miraron y me dijeron. "Si".
Fue mi propia revelación sobre mi hermano. Me levanté y me fui a la cama solita.
Tenía Gustavo 5 años cuando andaba de la mano de mi mamá paseando de jardín en jardín para que le acepten la vacante. "Señora, se le nota en la cara, vamos a tener quejas" mientras cerraban las puertas, una tras otra, hasta que un pequeño jardín lo aceptó.
Tengo yo 30 cuando mis padres tuvieron una reunión con los coordinadores del taller protegido de Palomar en donde trabaja con el cuero, hoy Gustavo a sus 26, para decirles que éste trabajador "protegido" estaba bajando su productividad y que se evalúe la posibilidad de hacer estudios neurológicos invasivos para observar la causa, cuando había sido rechazado por su propio neurólogo y su terapeuta. "Presión de los de arriba" fue la excusa.
Tenía Gustavo 5 años cuando andaba de la mano de mi mamá paseando de jardín en jardín para que le acepten la vacante. "Señora, se le nota en la cara, vamos a tener quejas" mientras cerraban las puertas, una tras otra, hasta que un pequeño jardín lo aceptó.
Tengo yo 30 cuando mis padres tuvieron una reunión con los coordinadores del taller protegido de Palomar en donde trabaja con el cuero, hoy Gustavo a sus 26, para decirles que éste trabajador "protegido" estaba bajando su productividad y que se evalúe la posibilidad de hacer estudios neurológicos invasivos para observar la causa, cuando había sido rechazado por su propio neurólogo y su terapeuta. "Presión de los de arriba" fue la excusa.
La memoria no
deja de ser la base del 24 de Marzo, pero se transforma, se transforma como lo
hace la sociedad. La aceptación del que piensa diferente, del que es diferente.
Del que cree en algo distinto. La intolerancia con el otro. No aceptar otras
opiniones ni otras caras. La discriminación por la postura política, la ropa
que se usa, por el dinero que se tiene o por la condición sexual.
No hay memoria sino hay aceptación. No hay memoria si hay impunidad. No hay memoria si hay discriminación e intolerancia. No hay memoria sino se construye y si caminamos al lado de genocidas. Y no hay memoria si una sociedad se plantea la pena de muerte cuando es ella misma la que provoca lo es.
No hay memoria sino hay aceptación. No hay memoria si hay impunidad. No hay memoria si hay discriminación e intolerancia. No hay memoria sino se construye y si caminamos al lado de genocidas. Y no hay memoria si una sociedad se plantea la pena de muerte cuando es ella misma la que provoca lo es.
Parecía en
principio no entender a León que nada dijo sobre el Golpe. Pero él lo entendía
a la perfección. Las ideas son las mismas. Sólo cambian el vestuario.
Foto:
Cromosoma 21 duplicado